La filogénesis y lo transgeneracional*

Introducción

 

Soy conciente que trato de un tema actualmente impopular. […] He tenido la misma curiosísima experiencia más de veinte veces: cuento a un colega que estoy escribiendo un libro sobre el paralelismo entre la ontogénesis y la filogénesis. Me toma aparte, se asegura que nadie nos ve, que no hay micrófono, y admite en voz visiblemente baja: Sabes, entre tú, yo y esa pared, pienso que hay algo de verdad en eso.

Así se expresa el célebre científico Stephen Jay Gould en la introducción de su libro, Ontogeny and phylogeny[1]. El problema se plantea de un modo aun más radical en psicoanálisis: el desinterés hacia la cuestión de la filogénesis es completo. Se la considera como una excrecencia inútil, según el dicho de Marie Moscovici. ¿Por qué? Primero porque la ciencia biológica nunca aceptó la idea que los caracteres adquiridos fuesen heredados y transmitidos, cosa que Freud no ignoraba. Eso condujo a los analistas a pensar que Freud había errado y a descartar la cuestión. En segundo lugar porque el tema estaba asociado, según Marie Moscovici,

al desden o a la ironía con los cuales se lee o se descuida de leer escritos como Tótem y tabú y El hombre Moisés y la religión monoteísta que muchos analistas califican de «mitos» freudianos, elucubraciones, incluso pasatiempos de la imaginación[2].

En esa veta es curioso observar que el celebre diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis no consagra ningún articulo al término filogénesis. Una evocación rápida puede leerse bajo la rubrica protofantasias donde los autores nos dicen que Freud recurre a la explicación filogenética para justificar la existencia de estas ultimas en los seres humanos. En efecto ve en ellas un patrimonio filogenético. Los autores del diccionario retienen la idea que lo que una vez fue realidad – la amenaza de castración o más bien la castración – se transformó luego en realidad psíquica. La omisión del término es debido a la posición de los autores que recusan por completo la pertinencia de la tesis freudiana de la filogénesis.

Freud planteo el problema con los medios que la ciencia de su tiempo ponía a su disposición. Hoy podemos enfocarlo de otro modo y quizá estar atentos a su valor heurístico. En el centro del debate se encuentran las ideas de memoria y transmisión que me parecen retomar lo esencial de la idea de Freud. El trabajo en torno a lo transgeneracional puede concebirse como una de las formas en que la hipótesis de Freud continua su desarrollo en el psicoanálisis contemporáneo. Hablando del vínculo con el muerto, Freud esboza ya en Tótem y tabú una reflexión sobre los antepasados, nuestra ambivalencia hacia ellos, el miedo a su presencia y a su retorno bajo forma de demonios o de espectros que no dejan vivir en paz a los vivos o su destinación más benigna, ser venerados como antepasados e invocados como auxiliares[3]. Preguntarse sobre el lugar que los antepasados ocupan en nuestras vidas, sobre la dinámica que en ella se establece debido a su presencia o a su ausencia, a nuestras identificaciones con ellos, interrogarse sobre su legado, es otra manera de seguir las pistas abierta por la hipótesis filogenética. Mi propósito en ese sentido es, como diría Laplanche, poner a trabajar esa fantasía freudiana.

 

La fantasía filogenética

Desde los textos más especulativos hasta los escritos clínicos, la evocación de la fantasía filogenética está presente en la obra freudiana. Freud no desarrolló nunca, de modo explicativo o demostrativo completo la cuestión de la filogénesis. Como lo advierte Marie Moscovici,

La mayoría de las veces la cosa nos es presentada como una epopeya, en el tono de un «había una vez». Epopeya del espíritu, y no cadena lógica, explicativa, o entonces le faltaría más de un eslabón Y, al mismo tiempo convicción, certidumbre, apuesta sobre el carácter angular de su hipótesis, para el psicoanálisis – vacilando sobre los medios de demostrar, pero muy firme en cuanto a las pruebas de su existencia[4].

Desde el capitulo VII de La interpretación de los sueños hasta el Esquema del psicoanálisis pasando por Tótem y tabú, El interés por el psicoanálisis, El Yo y el Ello, El Hombre Moisés y la religión monoteísta, no deja Freud de retomar su hipótesis, de repensarla, de articularla con el tema de la memoria y de la transmisión mostrando siempre su carácter provisional.

¿Pero que entiende Freud por filogénesis? En su obra El interés por el psicoanálisis escrita en 1913, declara:

En estos últimos años los autores psicoanalíticos han reparado en que la tesis «la ontogénesis es una recapitulación de la filogénesis» tiene que ser también aplicable a la vida anímica, lo cual dio nacimiento a una nueva ampliación del interés psicoanalítico[5].

Este principio biogenético fundamental, evidente para Freud y sus contemporáneos, fue formulado por el zoólogo Haeckel, propagandista de las teorías de Darwin en Alemania. Para este último, la ontogénesis es el desarrollo individual del ser viviente y la filogénesis constituye el desarrollo de la especie. Para Freud el psicoanálisis constituye una tentativa de transponer ese principio en la vida psíquica y de buscar a comprender y a reconstruir junto al desarrollo psíquico individual, el desarrollo psíquico de la especie tal y como se expresa a través de la psique individual.

¿Que uso hace Freud de ese principio? ¿Como lo inserta en el psicoanálisis? Recurre a él en momentos precisos de la explicación psicoanalítica. En el historial del Hombre de los Lobos, toma cuidado en destacar el uso metodológico y clínico que debe hacerse de la explicación filogenética.
En efecto escribe:

En cuanto a reconocer esta herencia filogenética estoy por completo de acuerdo con Jung; pero considero metodológicamente incorrecto recurrir a una explicación que parta de la filogénesis antes de haber agotado las posibilidades de la ontogénesis; no entiendo por qué se impugnaría con obstinación a la prehistoria infantil una significatividad que se está pronto a conceder a la prehistoria ancestral. No puedo pasar por alto que los motivos y las producciones filogenéticos requieren a su vez de un esclarecimiento que en toda una serie de casos puede procurárseles desde la infancia individual[6].

Es importante llamar la atención sobre la dialéctica que Freud establece entre la ontogénesis y la filogénesis en este texto puesto que si esta última permite

llenar las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica [poniendo] la experiencia de los ancestros en el lugar de la propia,

puede ocurrir que la infancia individual permita comprender e interpretar las producciones filogenéticas.

 

Su estatuto

¿Qué estatuto atribuirle? En el Más allá del principio de placer, a propósito de la pulsión de muerte, Freud reivindica el derecho de invención especulativa, persiguiendo una idea, entregándose a una argumentación, combinando varias veces, en sucesión, lo fáctico con lo meramente excogitado[7] y elabora de ese modo el estatuto y el rol de la elaboración teórica psicoanalítica, la función de ese más allá de la experiencia, la dimensión meta que encontramos en su obra, lo que llama la especulación psicoanalítica y a la que pertenece de pleno la hipótesis filogenética. En Análisis terminable e interminable, retoma la cuestión estableciendo una ecuación entre especular, teorizar y fantasear[8], mostrando que la especulación llevada a sus extremos alcanza una actividad de «fantaseo». Esa actividad adquiere un estatuto metapsicológico. Fantasía filogenética y pulsión de muerte parecen compartir ese mismo estatuto de especulación psicoanalítica.

 

La herencia arcaica

Pero la obra en la cual la hipótesis filogenética se despliega en toda su amplitud es El Hombre Moisés y la religión monoteísta. Freud la enfoca bajo el tema de la herencia arcaica[9]. Se trata de contenidos de la vida psíquica del individuo que le fueron aportados con el nacimiento y que pueden tener eficacia.

¿En qué consiste ella? ¿Qué contenido tiene? ¿Cuáles son sus pruebas? se pregunta Freud.

Responde invocando primero las predisposiciones como las que son propias de todo ser vivo. Se trata del factor constitucional en el individuo. Consisten

en la aptitud y la inclinación para emprender determinadas direcciones de desarrollo y para reaccionar de particular manera frente a ciertas excitaciones, impresiones y estímulos.

Es allí donde se manifiestan diferencias que caracterizan a los seres humanos y que están incluidas en la herencia arcaica. En el prólogo a la tercera edición de Tres ensayos de teoría sexual, Freud precisa lo que entiende por disposición:

(…) la disposición es justamente la sedimentación de un vivenciar anterior de la especie, al cual el vivenciar más nuevo del individuo viene a agregarse como suma de los factores accidentales[10]

En segundo lugar, Freud invoca la universalidad del simbolismo del lenguaje[11]. El simbolismo es contemporáneo del nacimiento del lenguaje. Es cosa corriente entre los niños la subrogación simbólica de un asunto por otro sin que lo hayan aprendido.

Se trata de un saber originario que el adulto ha olvidado, escribe Freud.

Los sueños aparecen poblados de esos mismos símbolos que el soñante no comprende y que son interpretados por el analista. Lo que caracteriza a este simbolismo, según Freud, es que se abre paso por encima de la diversidad de las lenguas. Piensa que es ubicuo, el mismo en todos los pueblos. Es lo que le lleva a pensar que forma parte de la herencia arcaica. ¿Constituye esto una prueba irrecusable? Freud no está completamente convencido; piensa que podría sólo tratarse de una predisposición cognitiva heredada como se hereda una predisposición pulsional. Eso no constituiría entonces una contribución nueva.

Un tercer elemento serian las reacciones frente a los traumas tempranos[12]: en vez de adecuarse a lo real y a lo vivenciado por el individuo parecen distanciarse de ello, obedecer a un modelo filogenético y, en términos universales, sólo en virtud de su influjo se pueden explicar. El ejemplo que da Freud es el del complejo de Edipo y de castración donde las reacciones del individuo parecen injustificadas sino se conciben desde el prisma de la filogénesis, es decir por la referencia al vivenciar de generaciones anteriores. Seria algo como un equipaje que preexiste a la situación y que está ya listo para ser utilizado. Experimentamos que en cierto número de sustantivas relaciones nuestros niños no reaccionan como correspondería a su vivenciar propio, sino instintivamente, de una manera comparable a los animales, como sólo se lo podría explicar mediante adquisición filogenética[13]

Freud concluye con la formulación de su tesis:

la herencia arcaica del ser humano no abarca sólo predisposiciones, sino contenidos, huellas mnémicas de lo vivenciado por generaciones anteriores[14].

 

Tradición y memoria

 

Freud retoma entonces la noción de tradición[15]. Distingue lo que comúnmente se llama tradición de la nueva noción que él introduce. ¿Qué se entiende por tradición? Las herencias recibidas que son constituidas por contenidos transmitidos en cuanto son portadores de sentido. Se caracteriza por la comunicación directa, oral, por la transmisión de abuelos a nietos y se apoya sobre el recuerdo conciente. En cuanto a su nueva noción está constituida por la herencia de huellas mnémicas de lo vivenciado por los antepasados, pasa por la latencia y por ende por lo inconciente. Es lo que puede explicar su potente influjo.

Cuando hablamos de la persistencia de una tradición antigua en un pueblo, de la formación del carácter de un pueblo, las más de las veces tenemos en mente una tradición así, heredada, y no una que se propaga por comunicación.

Es aquí donde Freud, conciente de la temeridad de su tesis, hace destacar

la actitud presente de la ciencia biológica que no quiere saber nada de la herencia en los descendientes, de unos caracteres adquiridos.

Pero considera que ese factor le es indispensable para su trabajo psicoanalítico. Y destaca la diferencia entre lo biológico y lo psíquico:

Es cierto que no se trata de lo mismo en los dos casos: en uno, son caracteres adquiridos difíciles de asir; en el otro, son huellas mnémicas de impresiones exteriores, algo en cierto modo asible. Pero acaso suceda que no podamos representarnos lo uno sin lo otro.

Se trata aquí de dos tipos de memoria o, retomando una expresión de Derrida, de archivo transgeneracional: la huella mnémica de una experiencia ancestral o el carácter que se considera biológicamente adquirido, algo como una memoria del organismo. La hipótesis de la persistencia de las huellas mnémicas permite tender un puente entre la psicología individual y colectiva, la de las masas, y tratar a los pueblos como individuos. Para Derrida, que comenta esta cuestión en Mal d’archive, sin la fuerza y la autoridad irreprimible, es decir sólo reprimible, de esta memoria transgeneracional, los problemas de los que hablamos estarían disueltos o resueltos de antemano. No habría más historia esencial de la cultura, no habría más cuestión de memoria y de archivo, de patriarchivo o de matriarchivo, y no se comprendería siquiera como un antepasado puede hablar en nosotros, ni qué sentido tendría para nosotros hablar con él, hablar a su fantasma de un modo «unheimlich».Con él[16].

 

La herencia arcaica y sus pruebas.

 

Finalmente,

¿cuáles son las pruebas? (…) ninguna prueba más fuerte que la brindada por aquellos fenómenos residuales del trabajo analítico que piden que se los derive de la filogénesis[17]. ¿Qué son esos fenómenos residuales del trabajo analítico? Son lo que Marie Moscovici llama los memoriales de los sucesos del pasado donde la historia está tanto más inscrita cuanto que no está escrita ni deliberadamente transmitida, donde la verdad está tanto más conservada, cuanto que en lo que atañe al conciente, está olvidada, es decir reprimida. Podemos decir que esos memoriales constituyen el material diario del trabajo analítico: el sueño, la neurosis, la infancia, y también, como lo hace constar Moscovici, las narraciones, los cuentos, los mitos, pero por encima de todo el lenguaje mismo[18].

El modelo que inspira a Freud para pensar la filogénesis es el modelo animal. La cuestión de la relación entre el hombre y el animal reaparece a menudo en la obra freudiana y podemos entrever en ello el ascendiente de Darwin sobre Freud. Es pues un cierto modelo del instinto que guía a Freud. Pero ¿qué son los instintos para él? Son los depositarios de

las experiencias de su especie, vale decir, que guardan en su interior unos recuerdos de lo vivenciado por sus antepasados.

Los animales se comportan

desde el comienzo mismo en la nueva situación vital como si ella fuera antigua, familiar de tiempo atrás.

El hombre no estaría tan lejos de eso y Freud quiere recordarle su pertenencia a una especie. Su propia herencia arcaica correspondería a los instintos de los animales, aunque su alcance y contenido fueran diversos[19].

Seria importante destacar, como lo hace constar Marie Moscovici, que se trata más bien de una metáfora de los instintos y no de una teoría de un montaje anatomo-fisiológico. En el contexto de la obra – el asesinato de Moisés y más allá el del padre primordial – seria más bien cuestión de la

supervivencia de una historia de asesinato, de olvido y de las secuelas psíquicas y culturales decisivas[20].

Se trata pues de una analogía que le sirve para proponer y hacer avanzar una idea. La especificidad del psiquismo permanece como su preocupación profunda cuando se trata de cuestiones de transmisión y de supervivencia de las experiencias arcaicas aunque haga prestamos a la biología. La prueba de ello la encontramos en el prólogo a la tercera edición de Tres ensayos de teoría sexual, donde escribe:

Junto a su fundamental dependencia de la investigación psicoanalítica, tengo que destacar, como rasgo de este trabajo mío, su deliberada independencia respecto de la investigación biológica. […] En verdad, mi propósito fue dar a conocer todo cuanto puede colegirse acerca de la biología de la vida sexual humana con los medios de la investigación psicológica; me era lícito señalar las relaciones de consecuencia y de concordancia obtenidas a raíz de esa indagación, pero el hecho de que en muchos puntos importantes el método psicoanalítico llevara a perspectivas y resultados muy diversos de los producidos por la biología sola no era razón suficiente para apartarme de mi camino[21].

 

Huellas mnémicas: conservación y transmisión

 

En este análisis de la herencia arcaica, Freud recurre continuamente al tema de la huella mnémica, del recuerdo, de la memoria, del olvido, de la historia de los antepasados, de la tradición dibujando así dos problemas íntimamente vinculados: el de la memoria y el de la transmisión, ambos, ejes principales del Moisés y de la tradición hebrea que Freud toma como tema de su reflexión. Al cabo de este análisis, escribe:

Tras estas elucidaciones, no vacilo en declarar que los seres humanos han sabido siempre ­­­–

de aquella particular manera ­­‑ que antaño poseyeron un padre primordial y lo mataron[22].

¿Cuál es aquella particular manera? Es el olvido. Los hombres saben porque olvidan. El olvido es la manera de proteger el recuerdo. Pero, ¿de qué olvido se trata aquí? De la represión. El olvido en ese sentido es la condición de la memoria. La represión del suceso lo conserva; lo inscribe de manera indeleble. Podríamos invocar aquí la metáfora arqueológica freudiana tal como Freud la desarrolla en El malestar en la cultura y que aplicada a la memoria muestra como el recuerdo permanece intacto mientras queda reprimido. Su acceso a la conciencia y su inserción en ella son el principio de su desgaste.

¿Dónde se conservan esas huellas mnémicas y cómo se transmiten cuando se trata de la herencia arcaica de la humanidad? En las últimas páginas de Tótem y tabú, Freud formula dos premisas que quedaron implícitas a través de sus análisis anteriores. La primera hipótesis que ha servido de fundamento a toda su construcción y que califica de osadía es la de

una psique de masas en que los procesos anímicos se consuman como en la vida anímica de un individuo.

Esta hipótesis le es indispensable para explicar la persistencia de la conciencia de culpa a lo largo de los siglos por un acto cometido en el origen. Y esa hipótesis no sólo explica la persistencia del sentimiento de culpa sino su eficacia durante generaciones que no conocieron ese acto ni podían saber nada de él.

Hacemos que un proceso de sentimiento, tal como pudo nacer en generaciones de hijos varones que eran maltratados por su padre, se continúe en generaciones nuevas sustraídas de ese trato justamente por la eliminación del padre[23].

A pesar de todos los reparos que se le puede poner, este supuesto permite pensar

una continuidad en la vida de sentimientos de los seres humanos pese a las interrupciones de los actos anímicos producidas por la muerte de los individuos[24].

Sin esa continuidad no existiría ni progreso ni evolución, cada nueva generación tendría que comenzar de nuevo, adquirir todo lo que las anteriores adquirieron. Freud plantea entonces dos nuevas preguntas: ¿qué grado de continuidad psíquica podemos atribuir a la serie de las generaciones? ¿Cuáles son las vías y los medios de los que se sirve una generación para transmitir sus estados psíquicos a la siguiente? Descarta de inmediato la comunicación directa y la tradición, aunque como lo hemos visto repiensa la tradición veinticinco años más tarde en el Moisés, y responde invocando las palabras de Goethe en el Fausto:

Lo que has heredado de tus padres/adquiérelo para poseerlo,

palabras que invocará de nuevo en la conclusión del Esquema del psicoanálisis. O sea, la herencia de las disposiciones psíquicas asume una parte de la tarea, pero estas necesitan recibir ciertas impulsiones de la vida individual para ser eficaces[25]. René Kaës ve en este aforismo la división del sujeto de la herencia como la del sujeto del inconciente[26]. El sujeto está dividido entre la doble necesidad

en cuanto es fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie esta[27],

pero que debe servir y con cuyo beneficio puede contar. Hace destacar que esta doble división, Freud la formula con particular nitidez después de Tótem y tabú cuando enfoca la cuestión del narcisismo. Opone al estatuto narcisista del sujeto el estatuto del sujeto de la intersubjetividad, vinculándolos ambos en el lugar de apuntalamiento del narcisismo sobre aquel de la generación que precede y en torno a la transmisión al infans de los sueños de deseos irrealizados de los padres que él debe cumplir[28].

Freud introduce luego una curiosa hipótesis que no vuelve a figurar en ninguna de sus obras, nunca más la retoma ni la discute. Se trata del aparato que cada hombre posee en su actividad mental inconsciente y que le permite interpretar las reacciones de otros hombres, es decir corregir las desfiguraciones que el otro ha impuesto a la expresión de sus sentimientos. Este aparato que permite una comprensión inconciente, desempeña un papel crucial en la medida en que va a recoger la herencia de sentimientos que las costumbres, ceremonias y estatutos que la relación originaria al padre primordial había dejado como secuela para transmitirla a las generaciones posteriores.

Esta segunda hipótesis suscita preguntas que, como lo hace constar René Kaës, están en espera de respuestas que Freud jamás elaboró; principalmente aquellas que conciernen la constitución, el funcionamiento de ese aparato así como su modalidad de transmisión, es decir la eventual modificación de lo que se trasmite, una cantera de trabajos y de investigaciones para los psicoanalistas de lo transgeneracional.

 

Conclusión

Qué se desprende al termino de este análisis?

Como psicoanalistas no podemos deshacernos de esta prodigiosa construcción especulativa por considerarla absurda porque su fundamento biológico es erróneo. Deberíamos, como lo haríamos con cualquiera de nuestros pacientes, preguntarnos qué función desempeña en el proceso del pensamiento de Freud y como repensarla para transformarla en una herramienta heurística que nos pueda ayudar tanto en nuestra práctica como en nuestras elaboraciones teóricas. Podemos concebirla como la ficción o la metáfora que nos ayuda a pensar los vínculos del sujeto con sus antepasados, es decir, lo que de estos sobrevive en nosotros y pesa sobre nuestras vidas, lo que no han llegado a elaborar, y que han trasmitido y con lo que a menudo nos debatimos, viviéndolo como algo extraño y ajeno que nos persigue, pero que no llegamos a entender, y mucho menos a elaborar. La cuestión clave que llevo a Freud a construir la fantasía filogenética es una ilustración ejemplar, es la cuestión de la culpa que organiza la cultura, una culpa vinculada a una falta originaria. ¿Cómo se explica la persistencia y la transmisión de esa culpa a través de los milenios? Las construcciones desarrolladas en Tótem y tabú – horda primitiva, asociación de los hijos, asesinato del padre, sentimientos ambivalentes, comida totémica – sirven para crear el modelo sobre el que se basa el comienzo de la civilización y que dará sentido a esa culpa que los hombres experimentan. Cabe destacar que la fantasía filogenética se asoció primero en Freud con la reflexión sobre la Kultur, dimensión de su trabajo que los psicoanalistas contemporáneos han abandonado considerándola erróneamente como marginal y sin repercusión clínica mientras él sigue repitiendo que Kultur y neurosis son inseparables.

La fantasía filogenética tiene por función mostrar cómo esa culpa se trasmite, cuáles son sus destinos. En última instancia, podemos diseñarla como una fantasía de la transmisión psíquica. Lo que esta transmisión revela es el paso de la realidad material, la realidad de hecho a la realidad psíquica. Los acontecimientos que en un principio tuvieron lugar en una escena exterior terminaron por desarrollarse en la escena interior, psíquica. En otras palabras, la realidad psíquica tiene un fundamento en la historia a la que pertenecemos antes de nacer, en el proyecto identificatorio, como diría Piera Aulagnier, diseñado por nuestros padres e infiltrado a sus espaldas por la historia de nuestros antepasados. Frente a algunos pacientes tenemos a veces la impresión que, como Edipo, su vida obedece a un oráculo del que no llegamos a entender el significado sino en la medida en que encontramos rasgos identificatorios pertenecientes a las generaciones anteriores. Lo que el análisis de la fantasía filogenética nos enseña es que la transmisión está garantizada por disposiciones psíquicas heredadas y estimuladas por los acontecimientos de la vida del individuo, pero también que el aparato para interpretar nos permite apropiarnos de lo que viene de las generaciones anteriores y transformarlo. Por último, es sobre la repetición de acontecimientos – como en el caso del asesinato del padre primordial – que descansa la transmisión.

* Articulo publicado en el numero 3 de la Revista Psicoanálisis e intersubjetividad

Bibliografía:

Derrida, J. (1995), Mal d’archive, Paris, Galilée.

Freud, S., 1900, La interpretación de los sueños in Obras completas, tomos IV y V, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1913, Tótem y tabú in Obras completas, tomo XIII, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S. (1913 [1980]), El interés por el psicoanálisis in Obras completas, tomo XIII, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1914, La introducción del narcisismo in Obras completas, tomo XIV, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1918, De la historia de una neurosis infantil in Obras completas, tomo XVII, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1920, Más allá del principio de placer, in Obras completas, tomo XVIII, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1923, El yo y el ello, in Obras completas, tomo XIX, Amorrortu Editores, 1991.

Freud, S., 1937, Análisis terminable e interminable in Obras completas, tomo XXIII, Amorrortu Editores, 1991.

Freud, S., 1939, Moisés y la religión monoteísta in Obras completas, tomo XXIII, Amorrortu Editores, 1991

Freud, S., 1940, Esquema del psicoanálisis in Obras completas, tomo XXIII, Amorrortu Editores, 1991

Gould, J.S., 1977, Ontogeny and phylogeny, The Belnakp Press of Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, London, England.

Kaës, R., 1993, Le sujet de l’héritage y Introduction au concept de transmission psychique dans la pensée de Freud, in Kaës y col, Transmission de la vie psychique entre générations, Paris, Dunod.

Moscovici, M., 1991, Il est arrivé quelque chose, Paris, Petite Bibliothèque Payot.

[1] Gould, S.J., 1977, Ontogeny and phylogeny, The Belnakp Press of Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, London, England, pág..1-2 [mi traducción]

[2]Moscovici,M., 1991, Il est arrivé quelque chose, Paris, Petite Bibliothèque Payot, pág.388 [mi traducción]

[3] Freud, S., 1913 [1991], Tótem y tabú in Obras Completas, tomo XIII, Amorrortu editores, pág. 71.

[4] Il est arrivé quelque chose , pág. 389 [mi traducción]

[5] Freud, S., El interés por el psicoanálisis in Obras Completas, tomo XIII, pág.187

[6] Freud, S., 1918, De la historia de una neurosis infantil in Obras completas, tomo XVII, pág. 89

[7] Freud, S., 1920, Más allá del principio de placer in Obras completas, tomo XVIII, pág. 24 y 57

[8] Freud, S., 1936, Análisis terminable e interminable in Obras completas, tomo XXIII, pág. 228

[9] Freud, S., 1939, Moisés y la religión monoteísta in Obras completas, tomo XXIII, pág. 94

[10] Freud, S., 1905, Tres ensayos de teoría sexual in Obras Completas, tomo VII, pág.118

[11] Freud, S., 1939, pág. 95

[12] Ibid., pág. 95

[13] Ibid., pág. 128.

[14] Ibid., pág. 96

[15] Ibid., pág. 96

[16] Derrida, J., 1995, Mal d’archive, Galilée, pág. 59 [mi traducción]

[17] Freud, S., 1939, p.96

[18] Moscovici, M., 1991, pág.394 [mi traducción]

[19] Freud, S., 1939, pág. 96-97

[20] Moscovici, M., pág. 396

[21] Freud, S., 1905, Obras Completas, tomo VII, p.118-119

[22] Freud, S., 1939, pág. 97

[23] Freud, S., 1913, Tótem y tabú in Obras Completas, tomo XIII, pág.159

[24] Ibid, p.159

[25] Una parte de la tarea parece estar a cargo de la herencia de predisposiciones psíquicas, que, empero, necesitan de ciertos enviones en la vida individual para despertar de una acción eficaz, escribe en Tótem y tabú, pág.159

[26] Kaës, R. y col. 1993, Transmission de la vie psychique entre générations, Dunod, pág. 3

[27] Freud, S., 1914, Introducción del narcisismo in Obras completas, tomo XIV, pág. 76

[28] Ibid., pág. 88

Laisser un commentaire

Entrer les renseignements ci-dessous ou cliquer sur une icône pour ouvrir une session :

Logo WordPress.com

Vous commentez à l’aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l’aide de votre compte Google+. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l’aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l’aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

Connexion à %s